Como un buen libro que se abre con esperanza, se recorre con asombro y se cierra dejándonos con el deseo de volver, así fueron los tres días de la Feria del Libro de Pocito. Bajo el lema “Abrir un libro, abrir un mundo”, el Polideportivo Jesús Morales se convirtió en ese volumen compartido donde cada stand, taller y charla fue un capítulo de descubrimiento.
El intendente Fabián Aballay y la Directora de Turismo y Cultura, Pamela Castro, inauguraron la feria con un discurso que celebró la lectura como motor de la comunidad. Luego tuvimos el honor de ser visitados por dichas autoridades del gobierno de Pocito, donde conocieron personalmente la propuesta virtual que reúne a veinte artistas plásticos de la provincia. Un gesto de cercanía que confirma el valor humano que se celebra en el Departamento, donde la colaboración entre gobierno y creadores independientes, son algo corriente.
Nuestro agradecimiento más cálido a Laura Cornejo, Romina Moreno, Andrea Bazán, Emilia Cornejo, Jesús Montaño y Esequiel Ahumada, estos últimos de United Pro Producciones, cuya entrega absoluta y atención a cada consulta hicieron que nuestra participación fuera amena y llena de entusiasmo. Al resto del equipo organizador, gracias por asistirnos con café, té y las inigualables semitas sanjuaninas, detalle con el que nos sentimos como en casa.
El viernes, el artista Luis Godoy terminó un lienzo en acrílico dedicado al Papa Francisco que emocionó al público hasta las lágrimas y, acto seguido, abrió otro capítulo pictórico: una obra abstracta en la que invitó a niños y adultos a dejar su trazo, convirtiendo esa página en un testimonio colectivo que luego se completará y exhibirá en nuestra plataforma.
Durante tres jornadas, el murmullo de las hojas, el susurro de las charlas en el Café Literario, los talleres, las disertaciones y la feria de artesanos conformaron una narrativa viva, una novela hecha de encuentros y creaciones. Nuestra Galería Virtual, Arte de San Juan fue un espacio donde cada visitante pudo hojear proyectos, descubrir nuevas voces y llevarse un fragmento de nuestra pasión por el arte local.
Y como todo gran libro que termina, la feria cerró sus páginas sí, pero nos dejó con ganas de más, con ansias de continuar en ese Universo mágico pocitano: las imágenes y recuerdos que compartimos son solo un testimonio que nos empuja a soñar con un próximo encuentro, donde nuevas historias aguardan ser escritas y pintadas.